La añoranza de la infancia cuando se crean momentos memorables

Vaya, hay cosas que añoras ya sea de tu infancia o de tu ciudad natal y en esta época navideña resurgen muchos recuerdos.

Nací y crecí en la CDMX en una privada donde todos los niños y nuestros padres se conocían, donde había varios sitios ideales para niños que podíamos visitar.

Varios coincidíamos en ir a la misma escuela e incluso en el mismo salón, así que el salir a jugar a la calle era de lo más normal para todos.

Principalmente las madres cuidaban de todos, unas salían mientras que otras estaban al alba observando a través de las ventanas y en general, pasábamos el mayor tiempo jugando con los amigos.

Cuando venía la época de Día de Muertos… ¡ah! Era momento de crear nuestras cajas especiales para pedir la famosa “calaverita”, todos en bola y todas las casas nos daban dulces, fruta o dinero.

¿¿¡Halloween!?? No, eso no existía en mis tiempos.

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Quizá la época que más añoro y extraño es navidad. Todas las casa eran adornadas y toda la calle por igual.

Entre vecinos se pasaban los adornos y veías cada calle con festivos colores y luces.

Lo genial… ¡Las Posadas! Una por día… las obligatorias 9. Aquí las familias se reunían en grupos de 3 casas para repartirse una posada diaria y teníamos desde la pedida de posada con su respectiva letanía, el canto de villancicos, pasábamos a romper unas cuantas piñatas llenas de fruta (jícamas, tecojotes, cacahuates, limas, naranjas y colación) y venía después la cena.

Una cena que a todos nos daban, que bien podía ser desde tortas hasta pozole … lo que buenamente las familias organizaban, acompañado claro está del clásico ponche.

Al final, nos daban nuestro aguinaldo, un pequeño paquetito con dulces llamados colaciones.

¿Qué seguía? Bueno, los adultos jalaban sus sillas y se ponían a platicar mientras los niños nos íbamos a jugar hasta muy tarde… para nosotros jugar a las 10pm u 11pm era una hazaña.

Esto se repetía en cada posada iniciando el 16 de diciembre y terminando el 23 con una cena “familiar” entre los vecinos en donde cada casa ponía un platillo y cerrábamos los festejos ya que al día siguiente la mayoría se iba con sus familiares a pasar la noche buena y la navidad.

Vaya… qué tiempos de convivencia y libertad se respiraba en ese entonces y son épocas (fueron más de 10 años así) que vivimos las fechas decembrinas así.

Nuestros padres en ese entonces no se preocupaban de a dónde llevar a los niños durante las vacaciones escolares porque estábamos más que entretenidos jugando con los “cuates de la calle”.

Curiosamente eran pocos los que salían de viaje y todos estábamos más que entretenidos.

La televisión no era nuestro mayor atractivo y sí lo eran los juegos con los amigos.

Otro momento especial era el día de la llegada de los Reyes Magos. Todos estábamos emocionados por lo que nos traerían y el día 6 era un festival del juguete en donde nuestros padres llegaban a participar.

Hubo una ocasión en que a prácticamente a todos nos trajeron bicicletas y hubo competencias entre nuestros padres mientras que nosotros aprendíamos.

Los niños más grandes nos apoyaban y los chicos andaban en sus triciclos.

Otro momento memorable fue cuando se pusieron de moda las avalanchas… creo que los que más se divirtieron fueron nuestros padres porque jugaban a las carreritas … fue genial.

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Hoy en día esto esto va disminuyendo y si bien buscamos las familias y amigos organizar una posada como las de antaño, no es posible realizar la novena como antes.

Lo importante es el trasmitirles a nuestros hijos estas experiencias y lograr recrearlas para que no se pierdan.

Busca por lo tanto reunirte con tu familia y / o amigos y realicen una posada tradicional mexicana, es una experiencia única.