El amor de mi vida estaba detrás de un logo

Sin duda el amor es impredecible, lo podemos encontrar en el momento que menos esperamos o en la persona que jamás imaginamos, y eso fue lo que me sucedió. Hace apenas un año inicié con mi empresa, que se encarga de la fabricación de todo tipo de cajas según las necesidades de nuestros clientes, nos encanta innovar, pero sabía que algo no cuadraba. Nuestro logo. No estaba relacionado con nuestra filosofía, era muy simple, cuadrado, debía mejorarlo. Contraté diseñadores que me propusieron cambios, pero ninguno me satisfizo.

El tiempo pasó, seguía sin encontrar al diseñador y al logotipo de mis sueños. Necesitaba tomar un respiro, pues me había obsesionado tanto con cambiar la imagen de mi empresa que me sentía agobiado, así que fui a caminar por las calles del centro de la Ciudad de México. Ahí fue donde comencé a fijarme en los logotipos de las distintas compañías, algunos hechos con sintra y otros plasmados en una lámina de metal. Pero fue uno el que me llamó la atención, estaba tan bien hecho y con sólo verlo sabías que se trataba de una empresa textil que procuraba cuidar el medio ambiente. Era impresionante lo que había logrado quien se encargó de diseñarlo.

Volví a mi oficina dispuesto a plasmar ideas en hojas para que un diseñador pudiera hacerlas realidad en un logotipo espectacular. Nunca sucedió. Me rendí, decidí dejarlo como estaba. No quería saber nada más de diseños, que sólo me decepcionaron.

Un día en una reunión con algunos clientes, uno de ellos me entregó su tarjeta y al ver su logotipo me llené de rabia y envidia, pues estaba muy bien hecho, reflejaba lo que él y su empresa eran. ¡Yo quería uno así! Entonces me le acerqué y le pregunté quién era el encargado de sus diseños, me dijo que me pondría en contacto con ella. No tardó más que un par de días cuando la diseñadora me contactó e hicimos una cita.

Ella era una chica común, no tenía nada fuera del otro mundo más que un par de gafas grandes que la hacían lucir inteligente, sus manos eran finas y sus uñas estaban pintadas de un color rosa que las hacía relucir, esas eran las manos encargadas de hacer magia. Antes de proponerle que trabajara conmigo le pregunté de su experiencia, y mi sorpresa fue que además de hacer el logo para la empresa de mi cliente, fue la encargada de hacer el de la fábrica de textiles que apoya el medio ambiente. Me quedé mudo, sentía que había sido flechado. Era extraordinaria diseñadora y sus atributos físicos comenzaban a tener más peso, los latidos de mi corazón se aceleraron. Traté de guardar la calma y comenzamos a planear el logo de mi compañía. Sus ideas me encantaron y ella, también.

Logró plasmar mis ideas en una imagen, no sé cómo lo hizo pero fue la única que me entendió y lo hizo realidad. No me contuve y la abracé, la felicité y le prometí un bono por su gran desempeño. Meses después, ambos descubrimos que estábamos hechos el uno para el otro, yo me enamoré de sus diseños, después de ella y ahora, tras dos años de relación, vamos a casarnos y espero que sea hasta que la muerte nos separe.