¿Realmente me conviene comprar un auto?

La primera vez que me hice tal pregunta fue cuando me mudé a la Ciudad de México por cuestiones de trabajo. Lo normal sería pensar que en una gran metrópoli como esta, un automóvil propio es la mejor opción para desplazarse. Pero basta con presenciar uno de los embotellamientos que pueden formarse a cualquier hora del día y en prácticamente cualquier zona, para pensar el asunto dos veces.

Cuando la única ventaja que te da el auto es el tener un lugar relativamente cómodo para pasar el rato, mientras la circulación fluye de nuevo, comienzas a plantearte opciones alternas, como caminar, usar la bicicleta y recurrir al transporte público para las distancias más grandes.

Lo anterior podría funcionar en un lugar donde las vías de circulación y los medios de transporte funcionaran de manera óptima. Mas, de nueva cuenta, basta con dar un vistazo al panorama general de la Ciudad de México, para darse cuenta de que las alternativas antes mencionadas tampoco nos sacarán de apuros. Entonces, ¿comprar o no comprar auto? He ahí el dilema.

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Hemos de admitir que en ciertas situaciones resulta de gran ayuda contar con un vehículo disponible. Si tienes un día de citas con clientes que están dispersos por toda la ciudad o que incluso se encuentran en la zona conurbada, el tener un auto te facilitará la misión de llegar rápido y puntualmente, pues de entrada no tendrás que preocuparte por hacer varias conexiones en el transporte público.

Ni qué decir de los compromisos que se extienden hasta altas horas de la noche; por cuestiones de rapidez, comodidad y seguridad, lo mejor es contar con un auto en esos momentos.

Y lo admito, incluso el ir y venir a diario del trabajo puede simplificarse al conducir, si pasamos por alto los embotellamientos

Ahora bien, ser propietario de un vehículo tiene un lado negativo, o por lo menos complicado, que va más allá del tráfico. Al plantearnos la compra de un auto, lo primero que consideramos es el costo del mismo. Sin embargo, se nos olvida que a ese precio debemos sumar otros pagos, como los del seguro, mantenimiento, gasolina, reparaciones y refacciones, y estacionamiento.

Estos gastos pueden consumir una buena parte de tu presupuesto mensual, incluso si no tienes que conducir todos los días. Por ejemplo, si en el lugar donde vives no cuentas con garaje o con un espacio de estacionamiento que puedas usar, tendrás que pagar una pensión para resguardar tu vehículo. Dejarlo en la calle no es la mejor solución que se te pueda ocurrir, pues además de que prácticamente sería una invitación a que roben tu auto, la mayoría de las aseguradoras se negará a cubrirte si tu vehículo sufre un daño por no contar con la protección adecuada.

Otra desventaja de comprar un automóvil es la depreciación. Si más adelante quieres venderlo, tendrás que hacerte a la idea de que obtendrás por él una cantidad menor a la que pagaste, y eso contando con que todo se encuentre en buen estado.

Pero existe una solución que concilia las ventajas de tener un auto a tu disposición cuando lo necesites, con las libertades y el ahorro de los que gozas al no ser propietario. Esta opción es el leasing o arrendamiento puro.

El leasing es una modalidad de renta a largo plazo, que te permite elegir el vehículo que necesites, por periodos que pueden ir de los seis a los dieciocho meses. Al término del contrato puedes renovar y optar por un modelo nuevo; cancelar, si ya no necesitas el vehículo, y en algunos casos, comprar, pagando la diferencia del costo total.